Nano Stern, en Ciclo Fome: “El amor y la honestidad son los dos ingredientes imprescindibles y lo demás da lo mismo”.

Nano Stern

Nano Stern, en Ciclo Fome: “El amor y la honestidad son los dos ingredientes imprescindibles y lo demás da lo mismo”.

El músico capitalino conquistó el corazón de una Aula Magna repleta de seguidores reunidos para escuchar su última propuesta, Lucero, un disco que define como oscuro y explosivo y llega en formato power trío, experimentado por primera vez en su carrera. En esta entrevista, Nano nos habló de sus maestros, fuentes de inspiración, vida en el extranjero, giras y su relación con Concepción.

Por Camila Morandé González – Fotos Gustavo Amigo Arroyo

Ciclo Fome sólo tiene un año de antigüedad en la capital de la VIII Región, pero ya ha contado entre sus filas con figuras musicales de la talla de Camila Moreno y Ases Falsos, con presentaciones en el Aula Magna del Arzobispado de Concepción. Este año, el segundo encuentro del ciclo ha contado, además, con una versión llamada Fome XL realizada en el recientemente inaugurado Teatro Regional del Biobío.

De vuelta al Aula Magna, donde comenzó todo, Nano Stern pisó tierra penquista como una de las figuras fuertes de la puesta en escena el pasado sábado 16 de junio. Su nuevo EP, Lucero, consta de cinco canciones y en el concierto se tocaron más de una veintena, con sencillos conocidos por su público en versiones y estilos distintos. “Conce para mí es como un segundo hogar, de hecho, no es casualidad venir a presentar el disco antes que en Santiago y cualquier otra ciudad de Chile. Es una puesta en escena nueva con una propuesta distinta. Con todo un nerviosismo rico…”. Y su relación con la ciudad no queda sólo allí, pues manifiesta un gran deseo por estar presente en alguna de las próximas ediciones del Festival Rock En Conce, que recientemente confirmó su quinta versión para el 2019, con dos jornadas de música.

¿Cómo ves espacios penquistas como Rock En Conce? ¿Te gustaría venir?

“Estamos trabajando en eso, yo creo que sí. De hecho, nos habían invitado este año, pero estábamos de gira en Australia y no pudimos venir. Ojalá que salga, sería maravilloso. Me alegro que siga el espacio porque Conce es una de las capitales musicales de Chile, es una de las ciudades más importantes y de la cual han salido una cantidad de bandas increíbles que yo admiro mucho. De mis primeras bandas era Matorral, donde está Iván Molina, baterista penquista. Entonces, de muy al principio de mi camino, me encontré con maestros de acá y de la escena de los 80. Cuando se habla de ‘la Cuna del Rock’, supongo que es a esa movida a la que se refieren. Para mí ha sido un privilegio muy grande poder compartir con esos músicos y conocer las historias de primera fuente de cómo eran las movidas acá”.

Y ahora, celebrando una nueva etapa en su carrera, el joven oriundo de la Región Metropolitana se atrevió a transformar su banda en un power trío y tuvo un cara a cara con su lado más rockero. “Es un concepto central y es primera vez que toco en este formato, pero es emblemático del rock. Lo han adoptado desde Jimmy Hendrix y Led Zeppelin, y en Chile, por ejemplo, Los Prisioneros y Los Tres. Bajo, batería, voz, sonando y funcionando en una dinámica muy orgánica. Tiene mucha libertad y cada uno tiene su espacio. Podís hacer lo que tu querai, podís volar con mucha libertad, y estirar y variar. También es un formato que puede ser muy elegante o muy crudo, o las dos cosas”, aclaró él mismo.

Desde marzo hasta ahora, su gira ha tenido gran recibimiento y ha cruzado mucho más allá de las fronteras nacionales para detenerse en países como Australia, Nueva Zelanda, México y Estados Unidos, entre otros. Con más de diez años de carrera solista y habiendo vivido en Europa y encontrado gran parte de su inspiración en aquellas tierras, tiene una visión clara sobre cuánto nutre a un artista el vivir experiencias afuera. “Te da una perspectiva sobre tu lugar y sobre ti mismo, te enfrentas constantemente a situaciones distintas, cultura distinta, música distinta, circunstancias al tocar distintas, te hace tener que adaptarte y ser flexible y eso te hace descubrir nuevas herramientas también”.

¿Te has sentido inspirado por algún país en específico?

“Ha pasado por épocas, porque he tenido relaciones muy intensas con algunos países, ponte un rato Australia, después Suecia tenía mucha onda, otros lugares en Europa y después Chile empezó como a convertirse en una cosa que yo no me esperaba, empezaron a pasar cosas conmigo y como a nivel de generación, no solamente yo, muy heavy. Ahora estamos yendo mucho a Argentina y ya empiezo como a tener realmente un público propio, harta gente que va y canta las canciones, es muy impresionante.

¿El público que te recibe en Estados Unidos es latino?

“Estados Unidos es muy difícil de describir como una unidad, porque es tan grande que cada estado es como un país. Nosotros somos un Estado, ellos son 50 y tantos y se siente así, o sea, tú cruzai de uno a otro y es otra cultura, otra gente, otra historia, otras leyes. Es como un continente en ese sentido. En el sur son más latinos, hablan castellano casi todos, en el norte son gringos blancos y ahí nos van a ver más como una rareza, como exóticos un poco. Entonces es entretenido también, esas giras son particularmente difíciles porque hay que estar en muchas parás al mismo tiempo”.

Conocer, sin embargo, se le hace complicado, pues está sometiendo su música a giras cada vez más intensas. “En Argentina, por ejemplo, fueron cinco conciertos en cinco días y en cinco ciudades distintas. Entonces llegar, dormir cada segundo que se pueda, después ir, prueba de sonido y tocar”.

¿Cómo sobrevives a las giras?

“Uno se convierte en otro tipo de animal. Por suerte no me gusta la cocaína, porque si no sería muy peligroso, no es lo mío (risas). Es como ser un atleta, los atletas que van a las olimpiadas o competencias que, en el fondo, no es competitivo, pero sí tienes que rendir al máximo y tenís una cosa muy corta. O sea, te preparai mucho tiempo. Es constante, porque yo estoy de gira mucho rato. Cuando vai a mostrar un disco nuevo, hay todo un proceso creativo primero, después grabar, difundir, darle un concepto, llevarlo a escenario y después finalmente tocar. Se resume en un concierto que dura dos horas y en esas dos horas te estás jugando todo el trabajo que has hecho. Y no puedes parar, igual que los atletas”.

¿Y has tenido algún percance?

“Sí, muchos. El que más recuerdo fue en Chillán, en el Teatro Municipal, antes que lo refaccionaran. Me subí a un monitor que estaba mal afirmado y me caí, me fracturé la muñeca. Estamos de hecho en un video en YouTube, me caí y tengo un tajo, un implante de titanio y en medio del concierto. Cagué, por supuesto, tuve que partir rajado al hospital y me operaron. Y para un guitarrista, cagarse la muñeca no es menor”.

¿Sanaste bien?

“Sí, sané bien. Estuve dos meses fuera y entre otras cosas, tenía mi primer Caupolicán agendado y lo tuvimos que correr. Pero no importa, en el fondo la vida se encarga de enseñarte que esas cosas pasan por algo y hay que fluir no más”.

SOBRE LUCERO, SU NUEVO EP.

“La estrella de Chile está invertida y está apuntando hacia abajo, lo que significa que el espíritu está sometido a lo material y tenemos que volver a ponerla en su sitio”, le dijo alguna vez Gastón Soublette, autor de la Estrella de Chile, a Fernando “Nano” Stern cuando este último se le acercó para agradecerle las enseñanzas de su libro. Hace énfasis en que lo considera un sabio, “el más sabio que tenemos en Chile”. La voz calma del cantautor capitalino se transforma en ímpetu puro cuando empieza a narrar cuán importante fue aquel hecho para la inspiración de este nuevo disco. “Sentí como que había ido al oráculo de elfos, fue algo muy profundo. Y estuve mucho tiempo pegado con esa idea e intentando descifrar a qué se refiere. Nosotros como sociedad estamos invertidos patas pa’ arriba”.

¿Chile en particular?

“El mundo, pero Chile en particular, sí. En ese sentido, el disco se llama Lucero, el primer sencillo habla de eso y el disco entero hace una lectura a nivel de sociedad y de porqué estamos como estamos. No es un disco como muy esperanzador ni luminoso, es bien oscuro”.

¿Por qué elegiste “Demasiada Información” como single?

“Por varias cosas. Es el primer tema y abre el disco, por lo tanto, igual es bacán que el que abra el disco, abra la presentación del mismo. Y también, a la hora de elegir single, yo me he desapegado mucho de lo que yo quiero, de mi capricho, porque entiendo que a mí me gustan todas las canciones del disco y fui sintiendo que esa canción tenía una resonancia particular con la gente. Se aferra de una manera distinta, pero ahora quisiera poner otro single y otro, y otro… En verdad, todas las canciones podrían ser single y ojalá que le demos harta vida al disco”.

¿Cuáles crees que sean los elementos que atrapen?

“No sé, no me hago cargo de lo que vaya a pasar con la gente. No me lo proyecto tampoco ni me interesa, como que mi interés es hacerlo y por razones más genuinas propias; yo siento que tengo que hacer esto y estas canciones. Pero no sé cómo vaya a resonar en la gente. Después de diez discos en hartos años, también tengo la certeza de que nunca va a ser como uno espera que sea. Siempre en esa respuesta la gente te va a sorprender y te va a dejar descolocado”.

Pero tienes un segmento de público fiel, uno dice “Nano Stern” y te conocen en todo Chile.

“Sí, claro que sí, pero también este disco es cuático, porque es bien osado en ese sentido. Es un sonido distinto, por lo que perfectamente puede significar que gente a la que le gusten mis discos no le guste, y gente a la que yo no le guste, le guste, qué se yo (risas)”.

¿Es todo ensayado o de repente se dan el gustito de improvisar?

“Nos damos el gustito… y ni siquiera el gustito, para nosotros es súper importante, para mí es un pie forzado. Hay, por supuesto, una estructura y un esqueleto que está claro, pero también mucho espacio en la mayoría de las canciones para abrir y que pase lo que pase”.

Y al público le encanta…

“¡Claro! Es que se nota cuando uno está improvisando y la improvisación produce una sensación colectiva como de vértigo, en donde nadie sabe lo que va a pasar. Y en la misma persona que toca, porque esa es como la máxima sensación interna de no saber para dónde va la micro”.

¿Desde chico te viste como músico?

“Sí, toda mi vida. Me veo haciendo muchas otras cosas, pero la música es mi esencia. También mi identidad la he construido a través de la música, aunque hay muchas otras cosas que me interesan. Por ejemplo, hoy paso mucho más tiempo leyendo y escribiendo que escuchando música y componiendo, y eso es algo súper importante para mí, porque me empecé a aproximar a la palabra particularmente por medio de las canciones, pero hoy me aproximo a las canciones a través de la palabra. Como que se invirtió”.

¿Crees que es necesaria esa educación?

“Es que siempre hay profesores, siempre hay maestros. En general en la vida, aunque no sean maestros físicos o presenciales que uno conoce. Leer un libro es educarse. A través de meterse en la cabeza de alguien, escuchar un disco también, ir a un concierto, ir al cine. Caminar por la calle también, y mirar y ver, observar. El loco que está cobrando el estacionamiento tiene algo que enseñar, yo creo eso de todas las personas que se te cruzan”.

¿Consideras que todo es una inspiración, entonces?

“Yo creo que la inspiración es más una actitud de uno que algo que pasa afuera. Uno tiene que estar abierto y yo siento que nuestro único trabajo como seres humanos es limpiar los vidrios de nuestra percepción, ser capaces de absorber y procurar que ese filtro esté limpio porque se ensucia, y se ensucia con las decepciones, con la rabia, el apego. Uno tiene que soltar esas cosas para poder mantenerse como flexible y joven”.

Y en cuanto a soltar, ¿alguna vez has soltado aquellas malas emociones en algún disco o alguna canción?

“Por supuesto. Este disco en particular es bastante oscuro y explosivo. Es dark, pero como descarga. Catarsis, es catarsis, porque además siento que vivimos un momento en que es necesaria la catarsis con el nivel de cosas que están pasando en el mundo y en nuestro país, la energía que nos rodea. Para mí es imposible razonar en una frecuencia distinta a la que estamos metidos, entonces tampoco tengo miedo de hacer discos así, porque estamos todos en eso y de alguna u otra manera va a hacer razón”.

Hablas mucho de maestros y verte a ti mismo como alumno. ¿No crees que podrías ser tú mismo maestro de algo?

“Me pasa a veces que llegan cabros jóvenes, más jóvenes que yo, a decirme: ‘Hueón, te escucho desde súper pendejo y me encanta tu música’, y los escucho y noto las influencias. Es súper loco”.

¿Qué te pasa interiormente al verte como un músico influyente?

“Tú estás donde estás solo porque te puedes parar en los hombros de otros que vinieron antes que tú, que te levantan. Y al estar ahí, hay dos responsabilidades: las de ver un poco más lejos que los demás porque estás un poco más arriba, ya que ellos te están sosteniendo o la de rápidamente alcanzar una postura sólida, para que otros se puedan subir arriba tuyo y llegar aún más lejos. Así es como las tradiciones siguen vivas, en el cual somos todos eslabones de una cadena que ojalá que continúe por mucho tiempo”.

¿Qué le dirías a esos jóvenes que se sienten inspirados por ti y buscan triunfar?

“Que le echen pa’ delante con amor, que el amor y la honestidad son los dos ingredientes imprescindibles y que lo demás da lo mismo. Y que la hueá es difícil, y es difícil siempre, y que en todas las escalas posibles hay desafíos y que son parecidos, pero en mayor o menor escala, y que no se dejen desalentar por cosas. El ser músico obviamente implica muchos desafíos, pero vale la pena”.

Gustavo Amigo
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